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Transporte sustentable: nuestra pasión por el auto y por qué Holanda ama las bicicletas

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Hubo un tiempo en el que las ciudades holandesas estaban inundadas por los autos. Hasta que una combinación de factores a mediados de los ’70, como el aumento en la cifra de accidentes y la suba de los combustibles, convenció a los Países Bajos de que debían adoptar un nuevo estilo de vida. A los primeros cambios urbanos para estimular el uso de las bicicletas, le siguieron los carriles exclusivos y luego redes enteras de rutas. Se calcula que solo en Ámsterdam hay unas 800.000 bicicletas.

“Hace muchos años somos un país de bicicletas. Hoy, un 30% de los viajes al trabajo se hacen de esa forma, y la cifra sigue en aumento. Una de las políticas más importantes que adoptamos fue la de contar con una infraestructura segura para desplazarse”, describe Marc Hasselaar, consejero encargado de Economía y Comercio en la embajada de los Países Bajos, en diálogo con ámbito.com.

Los ciclistas encontraron en el tren a su gran aliado, esa combinación es uno de los pilares del sistema de transporte holandés. En él pueden para cubrir las trayectorias más largas en poco tiempo, luego la bicicleta se encarga de acercar al viajero durante el último kilómetro de travesía. “Los trenes son todos eléctricos y ‘verdes’, abastecidos con energías renovables, ese es otro gran punto a favor”, remarca.

Además, las ciudades cuentan con miles de plazas de estacionamiento gratuito en las terminales ferroviarias. El aparcamiento subterráneo de Rotterdam dispone de 5.190 lugares, Haarlem de 5.020, Utrecht de 4.200 y Groningen de 4.150. En la estación de Delft, entre las ubicaciones bajo techo y al aire libre, hay espacio para 8.700 bicicletas. Para facilitar las cosas, los predios cuentan con dispositivos electrónicos que muestran cuántos sitios hay disponibles en cada fila.

La apuesta del gobierno es reducir las emisiones contaminantes entre un 40 y un 60% para 2030. El programa deja un plazo de cinco años para que los distintos actores involucrados intenten bajarlas, antes de una hipotética intervención oficial: “El primer tramo concluirá en 2020, cuando se intente alcanzar una reducción del 20%. Incluye a camiones, autos y motos, y también al tráfico aéreo y marítimo. Para las empresas de logística representará una ventaja económica: siendo más eficientes pueden combinar la carga, habrá menos tráfico y gastarán menos combustible”.

Hasselaar destaca también las legislaciones que delimitan “zonas exclusivas” en las ciudades, “en las que solo pueden ingresar los camiones y combis que emiten menos contaminantes”. En Ámsterdam ya están pensando en incluir disposiciones similares para los autos particulares. También se instrumentó un plan estímulo para el uso de combustibles verdes. Como resultado, los dueños de autos de bajo consumo, eléctricos o híbridos pagan menos dinero por la patente e impuestos.

“En mi país llevó tiempo, lo importante es empezar”, destaca el funcionario, y señala cuestiones importantes a tener en cuenta en la Argentina como “la creación de más carriles, o en lo posible calles, para bicicletas. Cuanto más separados de los autos mejor, para sentirse seguros. También son de gran ayuda los semáforos para bicicletas. A nivel general, la contaminación aquí es mayor porque hay mucho transporte de mercaderías en coches y camiones, mientras que en Holanda usamos mucho el tren y los ríos, que generan menos emisiones”.

Un cambio cultural

En la ciudad de Buenos Aires, según los datos oficiales, alrededor del 80% de los habitantes viaja a su trabajo principalmente en transporte público: 55% en colectivo, 18% en subte, 4% en taxi, 1% en tren y 3,5% en bicicleta (dueños y usuarios del sistema gratuito). “Eso va en línea con una visión de gestión: hacer del transporte público la opción más eficiente, más rápida y económica, y que contamine lo menos posible”, afirma Juan José Méndez, secretario de Transporte de la Ciudad.

“Veíamos que el 60% de los viajes en auto eran para un recorrido menor a 5 kilómetros, es decir que había gente que se subía al coche todos los días para hacer 30 cuadras. Allí surgió la idea de impulsar la bicicleta, porque te podés manejar en distancias cortas sin depender del transporte público y sin los contratiempos del auto, como buscar estacionamiento durante varios minutos. Al bonaerense que trabaja en Capital la bicicleta todavía no le sirve tanto, porque las distancias son más largas. Pero cuando se pongan en valor los 850 kms de vías de ferrocarril del área metropolitana, se convertirá en una alternativa para que dejen el auto”, asegura.

Un modelo a la holandesa, que Méndez destaca, junto a Tokio, como ejemplos de movilidad sustentable. “A eso apuntamos, a que la gente llegue en bici y se tome el tren. También queremos empezar a equipar las estaciones con infraestructura para ciclistas. En la provincia de Buenos Aires, la mayor densidad de población se ubica a menos de dos o tres kms. de las estaciones de tren. Con una mejor opción, el bonaerense que está viniendo en auto a la Capital lo va a pensar”.

Por lo pronto, contagio holandés o nuevo furor, sigue creciendo el uso de la bicicleta en nuestro país. A la fecha existen en Buenos Aires 130 kilómetros de infraestructura ciclovial, lo que la convierte en la ciudad nacional líder en ese rubro, por delante de Córdoba (103,5 km) y Rosario (100 km). Sin embargo, Rosario (69.802) y Córdoba (56.000) sacan unas ruedas de ventaja a los porteños (32.264) si de viajes en bicicleta por día se trata. También Buenos Aires lidera la tabla en cantidad de cicloestacionamientos en su mobiliario público (5.400) y en número de bicicletas públicas disponibles (1,1 por cada 10.000 habitantes).

Esa potente combinación tren-bicicleta no contempla sin embargo el peso que tiene el colectivo en la movilidad. “En ese punto, el año pasado se empezó a exigir a nivel nacional el motor Euro 5 para los colectivos nuevos que se incorporen a la flota. Es un estándar europeo: emite CO2 pero muy pocos de los gases que genera el hollín, que ensucia todo y afecta la salud. Dentro de 4 años, casi toda la flota se renovará y estará alcanzada por la nueva tecnología. Eso mejora directamente la calidad del aire”, apunta el funcionario.

Pero el cambio cultural profundo no será sencillo en un país apasionado por los autos. Circulan en Argentina (datos de fines de 2014) casi 14.000.000 de vehículos, lo que nos convierte en el país de la región con más vehículos por habitante, contabilizando automóviles, vehículos comerciales livianos y pesados. Casi el 50% de la flota se encuentra concentrada en ciudad y provincia de Buenos Aires, y casi otro 20% en Córdoba y Santa Fe. Un buen indicador para la economía que puede no serlo para la salud si no se toman medidas.

El dato promisorio es la importante cantidad de conversiones a GNC, así en la actualidad hay cerca de un 14% de vehículos que circulan a gas, un combustible mucho menos contaminante. Otro 51% son exclusivamente a nafta y el 35% restante diésel. Por ahora, el segmento de vehículos híbridos (nafta/eléctrico) es casi inexistente.

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